Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.
Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto.
Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos.
Como quieras llamarlo, lo importante es poder cerrarlos,dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminaste con tu trabajo?, ¿Se acabó la relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La amistad se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en el porqué, en devolver el casette & tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste va a ser infinito porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tu hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, papeles por romper, documentos por tirar, libros por vender o regalar.
Paulo Coelho (creo) lo tengo desde hace mucho..
lunes, agosto 30, 2010
domingo, agosto 22, 2010
Sweet fifty-three
¿Por que es tan jodidamente preciosa? Un mes después y sigue siendo la única persona que hace que tiemble...
Te amo.
Te amo.
viernes, agosto 20, 2010
Sweet fifty-two
Buenos días... y por si no volvemos a vernos: Buenos días, buenas tardes y buenas noches.
jueves, agosto 19, 2010
Sweet fifty-one
angels rain.
Llovían ángeles, aquella soleada mañana de Julio llovían angeles; parecían estar lanzandose desde las nubes en búsqueda de su persona especia. Nadie, ni si quiera ellos mismos, podía explicar porque todos se habían decidido a bajar a la tierra ese día y en ese momento, como tampoco nadie podía explicar el increible espectáculo que suponía ver a todas aquellas personas acompañadas de esos hermosos seres alados y vestidos de un impoluto color blanco... Prácticamente ya todo el mundo tenía un ángel a su lado a las pocas horas, y por eso todos caminaban con una sonrisa en los labios, excepto él.
Él, con sus pasos cortos y tan lentos como si el tiempo se hubiese ralentizado únicamente para su persona, caminaba serio, prácticamente en una burbuja particular desde donde contemplaba toda la felicidad que embriagaba a otros seres.
Una fina lágrima, casi teñida del azul de su ojo, escapó correteando por su rostro mientras él daba suaves patadas a las hojas que cubrían el otoñal suelo de la ciudad. Pasaban las horas y cada vez había menos gente y menos ángeles, estaba seguro de que las sonrisas no cesaban, pero las personas si se retiraban a sus hogares a descansar con sus nuevos jugetes.
Llegó un momento en que las calles estaban prácticamente desiertas y él se acercó a la playa. Se sentó en la arena donde casi el agua rozaba sus zapatos y cerró los ojos intentando desaparecer por unos instantes de ese mundo que tan poco comprendía.
Cuando volvió a abrir los ojos vió una figura a su lado, seguro que se hubiese asustado si fuese otra persona o alguno de esos ángeles que desprendían tanta luz. En lugar de todo aquello estaba ella.
Ella, le observaba sonriente sentada a su lado en la arena. Se observaron durante segundos, minutos o tal vez horas en silencio. Él no podía apartar su vista de aquella sonrisa que volvía loco su corazón, ella no cesaba de mirar sus ojos, con una facilidad casi pasmosa se perdía en ellos como si fuesen un reflejo de su pasado juntos.
-Has tardado.
-He venido.
Él se acercó y con toda la delicadeza del mundo junta en una caricia, le besó la mejilla y la sorprendió con una sonrisa.
-Como si nunca te hubieses ido.
Ambos se levantaron y caminaron durante horas, ella estaba segura de que ahora jamás le abandonaría, y él estaba seguro de que ya nunca estaría solo.
Los ángeles pueden perder la luz que desprenden.
Un ángel negro, como lo era ella (y lo había sido siempre para él) nunca perdería la luz que habitaba en su corazón.
Jueves gris, de pensamientos y lluvias, calma.
Llovían ángeles, aquella soleada mañana de Julio llovían angeles; parecían estar lanzandose desde las nubes en búsqueda de su persona especia. Nadie, ni si quiera ellos mismos, podía explicar porque todos se habían decidido a bajar a la tierra ese día y en ese momento, como tampoco nadie podía explicar el increible espectáculo que suponía ver a todas aquellas personas acompañadas de esos hermosos seres alados y vestidos de un impoluto color blanco... Prácticamente ya todo el mundo tenía un ángel a su lado a las pocas horas, y por eso todos caminaban con una sonrisa en los labios, excepto él.
Él, con sus pasos cortos y tan lentos como si el tiempo se hubiese ralentizado únicamente para su persona, caminaba serio, prácticamente en una burbuja particular desde donde contemplaba toda la felicidad que embriagaba a otros seres.
Una fina lágrima, casi teñida del azul de su ojo, escapó correteando por su rostro mientras él daba suaves patadas a las hojas que cubrían el otoñal suelo de la ciudad. Pasaban las horas y cada vez había menos gente y menos ángeles, estaba seguro de que las sonrisas no cesaban, pero las personas si se retiraban a sus hogares a descansar con sus nuevos jugetes.
Llegó un momento en que las calles estaban prácticamente desiertas y él se acercó a la playa. Se sentó en la arena donde casi el agua rozaba sus zapatos y cerró los ojos intentando desaparecer por unos instantes de ese mundo que tan poco comprendía.
Cuando volvió a abrir los ojos vió una figura a su lado, seguro que se hubiese asustado si fuese otra persona o alguno de esos ángeles que desprendían tanta luz. En lugar de todo aquello estaba ella.
Ella, le observaba sonriente sentada a su lado en la arena. Se observaron durante segundos, minutos o tal vez horas en silencio. Él no podía apartar su vista de aquella sonrisa que volvía loco su corazón, ella no cesaba de mirar sus ojos, con una facilidad casi pasmosa se perdía en ellos como si fuesen un reflejo de su pasado juntos.
-Has tardado.
-He venido.
Él se acercó y con toda la delicadeza del mundo junta en una caricia, le besó la mejilla y la sorprendió con una sonrisa.
-Como si nunca te hubieses ido.
Ambos se levantaron y caminaron durante horas, ella estaba segura de que ahora jamás le abandonaría, y él estaba seguro de que ya nunca estaría solo.
Los ángeles pueden perder la luz que desprenden.
Un ángel negro, como lo era ella (y lo había sido siempre para él) nunca perdería la luz que habitaba en su corazón.
Jueves gris, de pensamientos y lluvias, calma.
martes, agosto 17, 2010
Sweet fifty
Llevo quinientas tardes de luna sin besos fundidos al amanecer. Llevo cinco estaciones de lluvias con sequías. Y, sinceramente, a mi corazón, a mi mente, o a lo que sea que está dentro de mi que no para de sentir por ti... solo le importa echarte de menos.
Matt Vearncombe no sabe como está hoy, se siente raro.
Pero, bleh, sinceramente... da lo mismo.
Matt Vearncombe no sabe como está hoy, se siente raro.
Pero, bleh, sinceramente... da lo mismo.
domingo, agosto 15, 2010
Sweet fourty-nine
No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!
Gustavo Adolfo Bécquer, Rima IV.
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!
Gustavo Adolfo Bécquer, Rima IV.
jueves, agosto 12, 2010
Bittersweet one
Estoy realmente cansado.
Y las fuerzas y las ganas de luchar se me escapan por los ojos.
Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera.
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
Boina gris...
Y las fuerzas y las ganas de luchar se me escapan por los ojos.
Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera.
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
Boina gris...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)